La fotovoltaica impulsa el crecimiento energético global y reduce la dependencia del gas
La fotovoltaica volvió a marcar el ritmo de la transición energética en 2025, consolidándose como la tecnología líder en nuevas instalaciones a nivel mundial. Según datos publicados por la Ember, la potencia solar añadida alcanzó los 647 GW en un solo año, una cifra sin precedentes que refleja la aceleración del despliegue de esta fuente renovable.

Este crecimiento supone un incremento cercano al 11% respecto al ejercicio anterior y sitúa la capacidad fotovoltaica acumulada en torno a los 2.900 GW a escala global. La tendencia confirma el papel central de la energía solar en el proceso de electrificación, impulsada por la continua reducción de costes, la mejora tecnológica y un contexto regulatorio cada vez más favorable.
Además, el volumen de nueva potencia instalada pone de manifiesto la clara ventaja de la fotovoltaica frente a otras tecnologías renovables. En términos relativos, por cada gigavatio añadido en otras fuentes, la solar continúa ampliando su liderazgo con un ritmo de implantación muy superior, especialmente en grandes plantas y proyectos utility-scale.
El impacto de este crecimiento no se limita únicamente a la capacidad instalada. La nueva potencia fotovoltaica incorporada en 2025 tiene un potencial de generación anual muy relevante, contribuyendo de forma directa a reducir la dependencia de combustibles fósiles en el sistema eléctrico global. Esta sustitución permite avanzar hacia un modelo energético más estable, sostenible y menos expuesto a la volatilidad de los mercados internacionales.
Desde el punto de vista económico, la expansión de la fotovoltaica también se traduce en importantes ahorros. La generación solar está permitiendo evitar un volumen significativo de consumo de gas, lo que reduce la necesidad de importaciones energéticas y mejora la competitividad de los sistemas eléctricos.
En este contexto, la fotovoltaica no solo se consolida como la tecnología renovable de mayor crecimiento, sino también como una de las principales palancas para garantizar la seguridad energética a nivel global. Su capacidad para generar electricidad a gran escala, de forma eficiente y con costes cada vez más competitivos, la sitúa en el centro de la transformación del modelo energético mundial.
A ello se suma su papel en escenarios de tensión geopolítica, donde la generación solar ya está contribuyendo a amortiguar el impacto de las fluctuaciones en los precios del gas. En conjunto, la fotovoltaica se posiciona como una solución clave para avanzar hacia un sistema energético más resiliente, autónomo y sostenible.
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