La fotovoltaica consolida su papel clave al reducir costes y aumentar la competitividad frente a Europa
El mercado eléctrico español registró en marzo un descenso interanual del 21,2% en el precio mayorista, situándose en 41,77 €/MWh. Este comportamiento, en un contexto de tensión energética global, se explica en gran parte por el fuerte crecimiento de la fotovoltaica, que incrementó su producción un 37%. Aunque frente a febrero el precio subió, la elevada penetración renovable amortiguó el impacto de factores externos como el encarecimiento del gas.
La fotovoltaica, junto con otras renovables, alcanzó una cuota del 63,2% del mix eléctrico, reduciendo la dependencia del gas, que se mantuvo en torno al 15%. Además, la caída de la demanda (-3,1%), impulsada en parte por el autoconsumo, intensificó los periodos de precios bajos durante las horas solares, donde la demanda llegó a ser un 8,6% inferior respecto al año anterior.

A pesar de la bajada en el mercado mayorista, el aumento de los costes del sistema elevó el precio final hasta 70,42 €/MWh, superando ligeramente el registrado un año antes. Este incremento se debe principalmente al encarecimiento de los servicios regulados, que casi se duplicaron respecto a marzo de 2025.
En comparación con otros países europeos, España mantiene una posición competitiva gracias al peso de la fotovoltaica y el resto de renovables. Mientras gran parte de Europa superó los 100 €/MWh, el mercado español se situó aproximadamente a la mitad, solo por detrás de Francia, que se benefició de su capacidad nuclear.
El crecimiento fotovoltaico también está acentuando la volatilidad intradía, ampliando la diferencia entre las horas solares (10:00–19:00), con precios muy reducidos, y los picos de demanda nocturnos. En algunos casos, esta brecha superó los 200 €/MWh, generando nuevas oportunidades para soluciones de almacenamiento energético.
En este contexto, aumentaron significativamente las horas con precios cero o negativos, alcanzando 141 en marzo, el doble que el año anterior. Este fenómeno, estrechamente ligado a la sobreproducción fotovoltaica en determinados momentos, refuerza la necesidad de integrar baterías y sistemas de gestión energética.
Por otro lado, el encarecimiento del gas en Europa —con subidas superiores al 55%— y la incertidumbre geopolítica han impulsado al alza los mercados de futuros eléctricos. De hecho, los contratos para el segundo semestre subieron más de un 30%, anticipando una mayor dependencia de los ciclos combinados.
A medio plazo, los escenarios apuntan a que, si persiste la tensión internacional y el gas se mantiene en niveles elevados, el precio de la electricidad en España podría volver a situarse en torno a los 100 €/MWh a partir del verano. En este escenario, la fotovoltaica seguirá siendo un factor determinante para contener los precios y reforzar la estabilidad del sistema energético.
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